El colon se llama también intestino grueso, por que su diámetro es superior al del intestino delgado: de 3 a 8 cm según el sitio. Mide 1,5 m de longitud y rodea al intestino delgado y el abdomen como marco.
El intestino grueso comprende el colon ascendente, el colon transversal, el colon descendente y el recto, que es la parte terminal del tubo digestivo. Forman parte del recto la ampolla rectal, una cavidad que sirve para acumular las materias fecales, y el canal anal, que desemboca en el ano, puerta de salida del tubo digestivo.

La función del colon es doble:
Función Digestiva
En el colon se realizan las últimas transformaciones de las materias. Son las bacterias cólicas, en particular, las que atacan las fibras alimenticias e intentan extraer de ellas lo que pueda servir. Estas últimas serán absorbidas por las mucosas del colon y enviadas al hígado mediante un proceso idéntico al realizado por el intestino delgado. Además, en el colon se reabsorben importantes cantidades de agua.
Contrariamente a lo que algunos pretenden, hay sin duda absorción en el colon, como lo prueban, por lo demás, los efectos incontestables de los supositorios o de los lavados nutritivos. Es importante saberlo, porque si el colon es capaz de absorber sustancias nutritivas, también lo es de absorber sustancias tóxicas, lo que sucede cada vez que el transito intestinal ve reducida su velocidad y las materias quedan en contacto con las mucosas del colon durantes varios días seguidos. Las materias no eliminadas fermentan, atacan las paredes y las vuelven porosas. ¡La puerta se ha abierto de par en par y permite que las toxinas penetren en el medio interior!
A estas toxinas se agrega también una penetración de microbios peligrosos provenientes de los intestinos. En efecto, las propiedades del medio intestinal se modifican como consecuencia de las fermentaciones y putrefacciones, y provocan la mutación de los beneficiosos que van a colonizar e infestar los órganos vecinos.
De aquí resulta muy claro de un tránsito intestinal normal es de una importancia capital.

La función de eliminación
Los residuos inutilizables o no asimilados forman las materias fecales, que serán expulsadas por un proceso reflejo. Cuando la ampolla rectal se encuentra dilatada por el hecho de estar llena, se desencadena un reflejo de relajación de los músculos internos del esfínter y se manifiesta el deseo de hacer de vientre. La defecación podrá entonces realizarse si relajamos los músculos del esfínter externo (ano), músculos sometidos a nuestra voluntad.
Si no cedemos al deseo de hacer de vientre y retenemos las materias fecales – lo que es posible por cuanto los músculos del ano dependen de nuestra voluntad – creamos espasmos. A la larga, este estado espasmódico de los esfínteres puede provocar el estreñimiento.
Las materias fecales son llevadas hasta el colon gracias al movimiento peristáltico de las paredes. Una vez más, debemos subrayar aquí la importancia de un volumen suficiente de celulosa en nuestra alimentación diaria.
Si las heces son demasiado secas, se adhieren a las paredes del colon, avanzan con dificultad y su eliminación y su eliminación se vuelve difícil. Un consumo suficiente de líquidos, que humedezca las materias fecales, en ocasiones permite resolver los problemas de tránsito y eliminación.
La posición en cuclillas es la más fisiológica para una defecación natural (excusados “turcos”). La posición sentado de los excusados modernos no parecen ser la mejor. Para remediar este inconveniente, algunas personas se encuclillan directamente sobre la taza; otras recrean la posición ideal levantando las rodillas mediante un pequeño taburete.
FUENTE: LAS TOXINAS COMO ELIMINARLAS DEL ORGANISMO – Christopher Vasey







excelentísimo el aporte de ideas sapientes para los que no sabemos acerca de enfermedades que muchas veces desconocemos. gracias por hacer conocer.