Las frases que acostumbramos decir a nuestros hijos:
- Dios mÃo, eres un vago.
- Eres tan egoÃsta.
- Acaba ya de hacer eso, grandisimo idiota.
- ¡Estúpido!
- Dámelo ya, imbécil.
- ¡No seas tan trasto!.
Lo que hemos descubierto es que este tipo de comentarios no sólo hacen que el niño se sienta mal en ese momento, también tienen un efecto hipnótico y actúan de forma inconsciente, como si sembráramos semillas en la mente, las semillas que han de crecer y formar la autoimagen y que, finalmente, se hacen realidad en la personalidad del niño.

La hipnosis y la sugestión han sido siempre una fuente de fascinación, pues parecen ligeramente mÃsticas e irreales, y, aun asÃ, son aceptadas cientÃficamente. Muchas personas han sido testigos de dichas técnicas, quizá como parte de un espectáculo, utilizadas para curar un hábito o como un método de relajación.
Los elementos claves de la hipnosis nos son familiares: la utilización de algún dispositivo para distraer nuestra mente (“mire atentamente este péndulo”), el tono imperativo (“No sentirá usted nada”), y el tono repetitivo y rÃtmico que utiliza el hipnotizador. Tambien conocemos la sugestión poshipnótica, es decir, la habilidad para impartir una orden que luego será ejecutada por la persona hipnotizada, sin ninguna sospecha y, frecuentemente, con gran consternación, ante una determinada señal. Todo esto puede ser un buen espectáculo, pero también una excelente terapia en las manos de una profesional calificado.
La mayorÃa de la gente no repara en el hecho de que la hipnosis es algo que sucede todos los dÃas. Cada vez que utilizamos ciertos modelos al hablar, llegamos a la mente inconsciente de nuestros hijos y los programamosm aunque no sea ésa nuestra intención.
La hipnosis accidental está tan presente en la vida diaria que los padres implantan mensajes en la mente de sus hijos sin darse cuenta y, a menos que sean firmemente desmentidos, dichos mensajes formarán un eco que durará toda la vida.
“Los adultos lo saben todo, incluso pueden leer tu mente”, esto es lo que piensan los niños. De modo que cuando se le dice a un niño “Eres torpe”, él o ella se ponen nerviosos y se comportan torpemente. Al niño que se le dice “Eres como la peste” siente el rechazo y se desespera por reafirmarse, y entonces no deja de molestar. Un niño al que se le ha dicho “Eres un idiota” puede reaccionar violentamente en lo exterior pero internamente acepta con tristeza, “Tú eres el adulto, de modo que debes estar en lo cierto”.
Los mensajes “Tú” trabajan tanto a nivel consciente como inconsciente. En nuestro trabajo hemos pedido con frecuencia a los niños que se describan asà mismos y decÃan cosas como: “Soy un mal chico”, o “Soy un estorbo”.
Otros, sin embargo, mostrarán confusión: “Mamá y papá dicen que me quieren, pero yo creo que no es verdad.” Conscientemente escuchan las palabras, pero inconscientemente escuchan/ven/huelen el sentimiento que se esconde detrás de ellas.
Todo reside en la forma de decirlo. Podemos elegir decirle a un niño:”Estoy enfadada contigo y quiero que recojas tus juguetes AHORA MISMO” sin temer efectos duraderos. Pero si decimos: “Eres un vago, mocoso, ¿por qué nunca haces lo que te pedimos?”, y repetimos este tipo de mensajes en cualquier situación conflictiva, entonces el resultado no podrá sorprendernos.
No simule usted estar cariñoso o feliz cuando no se siente asÃ; es un comportamiento confuso y puede hacer que los niños se tornen evasivos y a veces resulten bastante perjudicados. Podemos ser honestos en relación con nuestros sentimientos sin que ello afecte de forma negativa a los niños. Ellos pueden comprender que usted diga: “Hoy me siento muy cansado”, o “En este momento estoy furioso…”, especialmente si concuerda con lo que ellos han intuido y esto les ayudará a saber que usted también es humano, lo cual es algo realmente bueno.
FUENTE: EL SECRETO DEL NIÑO FELIZ – Steve Biddulph