Cuentos de reflexión, EL PULMON DEL MUNDO

Un día sábado como era costumbre, me alisté para salir a cortar árboles, llevando mi moto sierra y mi machete; partí entre el resplandor de la mañana hacia el inmenso bosque amazónico.

Al llegar, busqué uno de los mejores árboles para derribarlo, cuando por fin encontré al indicado, me puse muy feliz; aquel árbol era extraordinariamente bello y el más grande entre todos; fue mi reto derribarlo y hacer de él una gran casa; que fuese la envidia de quien lo mirase.el pulmón del mundo

Cogí mi moto sierra y empecé mi arduo trabajo; fue cuando escuché una voz que me suplicaba pidiéndome que no la cortará; me detuve a mirar a mi alrededor, sin encontrar persona alguna.

Aquella voz rondaba en mi mente, causando  un sentimiento de culpa por el oficio que tenía.  Entonces me senté bajo la sombra del árbol y dije: -¿De qué puedo ser culpable?

…Mientras me lo preguntaba; cayó sobre mí una fruta grande y muy apetitosa, lo tomé y calmó mi sed.

Me seguí preguntando… ¿De qué puedo ser culpable?, ¿Quién me pidió que no le cotara?  Estuve largo tiempo así haciéndome estas preguntas.  Al pararme, mire el tronco del árbol y aquellas hojas que me brindaban sombra; fue cuando reflexioné y dije: ¡oh no!, es cierto soy culpable, ahora sé porque he estado escuchando esta voz que tantas súplicas me hacía, que inconsciente he sido todo este tiempo; he cortado muchos árboles, sin darme cuenta que eran  tan valiosos como los seres humanos, ya que, gracias a ellos respiramos aire puro, nos brindan sombra y sus frutos.

Aquel momento, se me caía la cara de vergüenza; estaba muy apenado por todo el daño que causé; pedí perdón a la madre tierra y a toda la naturaleza que se nos fue concedida, desde entonces prometí que jamás  volvería a dañar los árboles.

Fue así como aprendí a amar a la naturaleza y a cuidar el medio ambiente. Fin.

“Los árboles son el pulmón del mundo ¡cuidémoslo!”