No es suficiente tener una mente extraordinaria, lo más importante es saber cómo usarla bien.

René Descartes

Si alguien comprara una computadora con gran velocidad y potencia pero sólo utilizara el 1% de la memoria, pensaríamos que esa persona no necesita la computadora, que no sabe cómo utilizarla o que no sabe en que utilizarla. Tony Buzan, estudioso de la técnica del mapa mental, afirma que el ser humano promedio sólo utiliza el 1% de su potencial. ¿No es sorprendente?

En prinicipio, prodríamos objetar dicha estadística y aducir que tal cosa es imposible, ya que todo el día pensamos. Efectivamente, lo hacemos; pero siempre con las mismas rutas. Es como ir de la casa al trabajo y del trabajo a la casa sin pasar por el 99% de las calles de la ciudad y sin llegar al 99% de lugares distinto del trabajo a la casa. Lo cierto es que poseemos diez mil millones de neuronas, de las cuales usamos sólo el 1%. A partir de los 35 años, mueren de forma natural aproximadamente cien mil neuronas diarias. La cifra se ve aterrradora, pero no lo es tanto si consideramos que más importante que la cantidad de neuronas, es la utilidad que les damos.

En 1985, cuatro científicos de la Universidad de California tomaron muestras de la zonas parietal y prefrontal del cerebro de Einstein, y encontraron que éste tenía casi el doble de células gliales en la corteza parietal. Estas células producen mielina, sustancia que contribuye a la mejor conducción eléctrica entre las neuronas. Así pues, perece ser que Einstein realizaba más y mejores conexiones que la gran mayoría de nosotros. No es que los genios tangan un cerebro mayor, sino que lo tienen todo mejor conectado. Pero igual que Einstein, todos tenemos la capacidad de establecer múltiples conexiones cerebrales.

cerebro

Nuestras neuronas se conectan cada vez que realizamos alguna asociación, de modo que al incrementar la habilidad de relacionar elementos distintos, queda aumentada la capacidad para pensar y crear. Los novelistas, por ejemplo, cran realidades totalmente nuevas con toda libertad; en consecuencia, leer una novela es como caminar por todos los surcos que otro ser humano trazó en su cerebro. Por eso es tan estímulante la lectura: ayuda a expandir nuestro potencial al hacernos establecer las conexiones que el autor realizó por su cuenta.

En una de las cenas protocolares en casa de Winston Churchill, estaba los invitados muy atentos a todos sus modales, copiando al espejo lo que él hacía. De pronto, a la hora de tomar el té, Churchill vacía el té al platillo y todos, muy sorprendidos, hicieron lo mismo. Pero cuando aquél cogió el plato y se agachó para dárselo a su gato, el resto de comensales quedó sin saber qué hacer. He aquí los resultados de la costumbre de seguir instrucciones sin preguntar por que.

neurona

Creamos patrones de conducta y los respetamos. Sin duda, éstos son necesarios para sentirnos adaptados, pero cuando los esquemas se convierten en rutas obsoletas, no vemos vías alternativas más rápidas y efectivas. Esto le pasó al hombre que una vez encontró una moneda de oro en la calle y, desde entonces y por siempre jamás, anduvo con la cabeza baja mirando al suelo. No volvió a encontrar otra y tampoco volvió a ver el sol. Rutas obsoletas nos obligan a marchar con una sola alternativa, cuando en realidad hay un universo de posibilidades que podrían alimentar nuestra creatividad.

A diferencia de los computadores personales, nuestro potencial cerebral (nuestro PC) posee una capacidad ilimitada; no necesitamos ampliarlo. siempre fluirá corriente eléctrica y nunca se colgará. Una vez que los recuerdos poseen significado para nosotros, jamás son retirados de nuestra mente. Los archivos nunca se borran y siempre tienen un backup en nuestro inconsciente. ¿A cuantas personas podríamos ayudar, si nos atreveríamos a usar más del 1% de nuestro potencial cerebral?.

Fuente: Creatividad para el cambio – Liliana Galván