Mario Puzo (escritor del Padrino), padeció medio siglo de pobreza y gozó 28 años de raudales de dinero. La mafia lo premió cumpliéndole su deseo de ser multimillonario. A la edad de 50 años publicó El Padrino (1969), novela que se tradujo a más de 40 idiomas y de la que se vendieron 21 millones de ejemplares. Además, en 1972 la obra fue llevada al cine por Francis Ford Coppola y Puzo recibió un Oscar por el guión. Entonces, Mario Puzo ya tenía fama y dinero. Por los derechos de El Padrino, la Paramount le pagó un millón de dólares. En la segunda parte el contrato estipulaba que Puzo recibiría 100 mil dólares por el guión y un diez por ciento de todas las ganancias, lo que no hizo sino incrementarse en la tercera parte. Y ya estaba preparando la cuarta parte de la saga cuando la muerte lo sorprendió hace una década en su casa de Long Island, muy cerca de Nueva York, escenario de sus relatos y donde nació 78 años atrás.

Mario Puzo había esperado casi medio siglo, pero por fin el dinero le llegó y a manos llenas. Fueron varios millones de dólares que Puzo supo administrar con la misma astucia y disciplina con que lo hubiera hecho un gestor de la mafia. Cuando se le preguntaba si había tenido relaciones con la cosa nostra, él replicaba: “¿Cómo habría encontrado tiempo para formar parte de la mafia? Pasaba hambre antes del éxito de El Padrino. Si hubiese pertenecido a la mafia habría tenido bastante dinero como para no tener que dedicarme a escribir”.

La mitología arrastrada por El Padrino sorprendió siempre al mismo Puzo, que la escribió por encargo –unos dicen que de un editor, otros de la mafia italoamericana radicada en Nueva York–, sin poder imaginarse la explosión que tendría después de adaptarse al cine y que confesó en una ocasión: “Me gustaría haberla escrito mejor… Escribí el libro peor de lo que podría haberlo hecho”. La fascinación de las relaciones tormentosas entre las familias de la mafia, que se refleja sobre todo en la saga de los Corleone, marca la vida y la carrera literaria de Puzo y de sus seguidores. El dinero y el poder fueron los verdaderos protagonistas de sus novelas. De hecho, buena parte del resto de sus obras está también marcada por el mundo de la mafia, como El Siciliano (1987) y El último Don (1996). La muerte apenas le dio tiempo de terminar su última novela, Omertá –palabra italiana con que designa la mafia su código de silencio–, en el que de nueva cuenta narra una historia del crimen organizado, específicamente sobre las vicisitudes de una familia de mafiosos que desea regresar a la vida legal.

Reconozco en Mario Puzo en luchador sin miedo alcanzar el triunfo a un sabiendo que pasaba  el tiempo y que medio siglo de vida ya sonaba a sueño y no realidad, sin embargo su esfuerzo fue premiado su perseverancia lo llevo al éxito, desde ese entonces a Mario Puzo le adopto la gloria y cuando murió no necito ir al cielo por que ya vivía en ella.