La palabra empeñada, honor y dignidad.

Sólo una especie animal en el planeta puede expresar sus pensamientos, deseos y temores con palabras; nosotros, los seres humanos. Esta característica nuestra es tan valiosa que, con el transcurso del tiempo, hemos llegado  a asignarle un valor importante. Ellas tienen fuerza, vitalidad, poder y pueden incluso ser revolucionarias: Lo que digamos y la forma en que lo digamos, es capaz de provocar cataclismos, concretar o disolver negocios e incluso unirnos en matrimonio.

la palabraNo es casual entonces, que, en decenios pasados, dar nuestra palabra haya sido algo sagrado, gozando del valor de una promesa. Entonces no era raro escuchar decir a nuestro abuelo ante un compromiso “mi palabra vale más que un documento”, pues con esta frase ponía en juego su honor de persona honorable y su dignidad. Cuando no cumplimos con esta promesa, creamos un ambiente nocivo alrededor nuestro y también en nuestro mundo interior. Para la mayoría de nosotros resulta difícil recuperar la confianza y el respeto de las personas a quienes hemos defraudado, además de que es casi imposible comportarse como si nada hubiera pasado  o lograr que nuestra esfera interna, nuestra conciencia esté tranquila.

Y es ahí donde nace una segunda oportunidad. Todos podemos tener una segunda oportunidad y así cumplir nuestras promesas y recuperar la confianza que deben tener las personas a quienes hemos fallado en nosotros. Entonces a cumplir las promesas.