La tristeza del payaso.

Lo que le despertó aquella sensación de vacío y soledad, fue ver un payaso triste

 Sentado sobre la acera, vestía una camisa con cuadros de colores, un pantalón verde a rayas, unos zapatos  rojos puntiagudos, una nariz brillante que contrastaba con su cara pintada  de blanco  y pelo de color morado.

En otras condiciones debía ser un espectáculo. Pensó por un instante que miles habrían reído con sus ocurrencias, pero ahora no era así. Todos pasaban a su lado sin prestarle atención. Las primeras sombras de la noche cubrían a Santiago de Cali y nadie quería demorarse en llegar a casa; una carrera desmedida, una confusión de rostros, unos alegres, otros acongojados, cada quien preocupado por su propio drama. El payaso con una enorme tristeza que embargaba todo su ser seguía en su lugar, inmerso en su dolor, ajeno a  los demás.

“Debería estar riendo y haciéndolos reír” razonó. Al fin y al cabo esa era la esencia de un artista como aquel. “¿Acaso la tarea de, los payasos no es traernos alegría?” se preguntó mientras avanzaba de prisa hacia el parqueadero  de vehículos.

Jamás olvidó aquella escena, la conservó para siempre en su corazón. Todavía la recuerda, es la evocación de una postal vieja como el tiempo, guardada en el baúl de los momentos amargos: La de un payaso triste sentado sobre la acera…

Lo que esperan de nosotros.

…Eso pensamos todos, que la esencia de un cómico es alimentar la alegría, igual piensan los demás de nosotros. Esperan que, como cristianos vivamos felices. Pero no es así, usted seguramente lo ha comprobado, llegan momentos difíciles, caemos bajo el peso abrumador de las circunstancias incluso no quisiéramos seguir adelante. Eso pocos lo saben, tal vez  usted y Dios únicamente. Sin embargo las dificultades no pueden robarnos la paz. Es una decisión personal permitir que nos dominen o las dominamos, pero sea cual sea la decisión que tomemos marcará el rumbo que tomará nuestra vida de ahí para adelante.